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9 dicembre 2021
In Universale Economica
Pino Cacucci: blog per viandanti
Tina modotti è stata assassinata? (II parte) 3 luglio 2005



Otras fechorías…

El camino de los agentes de Stalin era arduo; continuamente tenían que acreditar su lealtad ante la “casa” (así hablaban de Moscú), so pena de caer ellos mismos víctimas de alguna purga.

Estalinista devoto, el propio Vidali cayó repetidas veces bajo la mira de la GPU, algo que después le serviría para negar haber sido uno de sus agentes (49).

Es sabido que la única manera para salvarse era delatar a otros. En sus memorias, el anarquista Umberto Tommasini -triestino como Vidali y también combatiente en la revolución española- relata el caso de otro paisano de ambos, Luigi Calligaris, comunista de tendencia bordiguista refugiado en la URSS, quien después de encontrarse con Vidali –entonces jefe de los emigrantes italianos en Moscú- y criticar la política exterior soviética, fue detenido y desaparecido por la GPU (50). Tommasini pasó el resto de su vida increpando a Vidali por ese crimen.

El de Calligaris no es un caso aislado. Un gran número de refugiados comunistas de varios países fue exterminado durante y después de las purgas. A principio de los años treinta, había unos 250 comunistas italianos, de los cuales por lo menos 100 perecieron en campos de concentración (51).

Regresemos a Vidali. Hacia mediados de 1939, al concluir su misión en España, el Comandante Carlos regresó a México. No permaneció inactivo. Antes de caer víctima del piolet de Ramón Mercader, Trotsky alcanzó a acusarlo de ser uno de los organizadores del primer y fallido atentado en su contra (52).

Al respecto es significativo el relato de Burnett Bolloten, el mencionado historiador de la revolución española. Corresponsal de United Press durante la guerra, Bolloten no tenía al principio una posición política muy definida. Simpatizaba vagamente con los stalinistas y tal vez por esto logró capturar las confidencias de muchos de ellos.

En 1938, se instaló en México con una enorme documentación. Después del primer atentado contra Trotsky, Bolloten tuvo un significativo encuentro con Vidali, quien le exigió esconder a Tina Modotti. Esto le reveló la auténtica naturaleza del stalinismo, lo cual imprimió una nueva orientación a su investigación, que desde entonces se empeñó en desvelar “el gran engaño”(53).

El expediente no termina aquí. Desde las páginas del periódico El Popular, dirigido por Vicente Lombardo Toledano, Carlos Contreras orquestó –junto a estalinistas españoles y alemanes- la campaña contra los exiliados antitotalitarios, acusándolos de ser la “quinta columna” del fascismo en el país.

Mientras tanto la pareja Vidali-Modotti navegaba en aguas tempestuosas. Tina murió en 1942 de infarto, en un taxi. No faltaron las dudas sobre una posible responsabilidad de Vidali, ya que Modotti sabía muchas cosas y, lo que es peor, empezaba a tener dudas. Es sabido que la GPU empleaba venenos que ocasionan paros cardiacos sin dejar rastro; como siempre, sin embargo, no hubo pruebas (54). Elena Garro, quien a la sazón frecuentaba los medios stalinistas, cuenta que su amiga Angélica Selke le dijo: “yo creo que Carlos se la cargó…”(55).

Adys Cupull y Froilán González escriben en la mejor tradición estalinista que “la camarilla trotsquista la prensa mercenaria y nazifascista se lanzaron sobre el cadáver de la Modotti todavía caliente.” (56)

¿Quiénes eran los integrantes de la tal camarilla trotskista? Precisamente los exiliados antitotalitarios, es decir los poumistas, el revolucionario ruso-belga Víctor Serge (Victor L. Kibalchich), el socialista francés Marceau Pivert, el escritor Gustav Regler y otros refugiados de diferentes nacionalidades que ostentaban una culpa imperdonable: decir la verdad sobre la URSS y la revolución española (57).

El Popular les acusaba de ser agentes de Hitler y pedía con vehemencia expulsarlos de México aplicándoles el artículo 33 de la Constitución que prohíbe la participación de los extranjeros en asuntos de política nacional.

La campaña llegó a tale niveles de histeria como para motivar un llamamiento en su favor, por parte de 160 destacados intelectuales y militantes antifascistas norteamericanos entre los cuales figuran John Dos Passos, John Dewey, Edmund Wilson, Dwight Macdonald, Mary McCarthy, Gaetano Salvemini y el propio Carlo Tresca (58).

En Il Martello, este último expresó repetidas veces la convicción de que Vidali era el asesino de Trotsky y de Tina Modotti, definiéndolo como el “jefe de una banda de asesinos”. En el número correspondiente a mayo de 1942, Tresca añadía una nueva acusación: Vidali pretendía quebrar a la MazziniSociety, una alianza de inmigrantes italianos antifascistas que se oponía también a los stalinistas.

Ya mencioné la muerte misteriosa de Tresca. El primero de abril de 1943, el Centro Cultural Ibero-Mexicano de la Ciudad de México organizó una velada para protestar contra su asesinato y la ejecución en la Unión Soviética de los socialistas Víctor Alter y Henryk Erlich (59).

El acto dio comienzo a las nueve de la noche ante un público de unas 300 personas, compuesto principalmente por militantes e intelectuales. Iban a hablar entre otros Victor Serge, Julián Gorkin y el periodista italiano Paul Chevalier (Leo Valiani) cuando, al grito de “¡muera la quinta columna!”, fueron interrumpidos por una banda compuesta por no menos de un centenar de stalinistas armados con bastones, matracas, puñales y pistolas. El objetivo era, al parecer, asesinar a Victor Serge, pero fracasó ante la vigorosa defensa de los presentes que lograron repeler el ataque (60).

Entrevistado por el diario mexicano Excelsior, Julián Gorkin atribuyó la autoría intelectual del asalto a los stalinistas españoles Juan Comorera y Antonio Mije y al italiano Carlos Contreras (61).

Años después, un militante del POUM, Juan Austrich, le confirmó a Cacucci que el organizador del asalto había sido Vidali (62). Lo mismo me repitió muchas veces el pintor Vlady (Vladimir Kibalchich), hijo de Serge, quien también se encontraba presente aquella noche.


A manera de conclusión

Victor Serge murió el 17 de noviembre de 1947, en un taxi, como Tina Modotti. Ataque cardiaco, según el reporte médico. ¿Envenenamiento? Tal vez no, ya que padecía del corazón, pero subsisten muchas dudas. No hubo autopsia, de modo que nunca se sabrá la verdad. Sea como fuere, a los pocos días, Ramón Denegri, ex embajador en la URSS y en España, y gran amigo de Serge, convocó a Vlady: “usted tiene que saber que a su padre lo mataron…” (63).

Vidali regresó a Trieste en aquel mismo año de 1947, unos meses antes de la muerte de Serge (64). Fue su adiós a las armas. Dirigió el PC local hasta su fusión con el PCI en los años cincuenta; en las décadas siguientes se desempeñó como un respetable senador de la república e integrante del comité central del partido. Se mostró muy activo en la campaña estalinista contra Tito y recibió con amargura las denuncias del nuevo jefe “comunista” Jruschov contra Stalin en el XX Congreso del PCUS en el que estuvo presente a lado de su vieja amiga Helena Stassova. En adelante combatiría contra el stalinismo … ¡en nombre de Stalin!

En 1983, al momento de morir, seguía siendo un icono del comunismo italiano. No falto de encanto, el personaje logró engañar incluso a una periodista afilada como Elena Poniatowska, que lo pinta como un héroe romántico en su novela Tinísima (65).
Hoy sus defensores afirman que con el tiempo la figura de Vidali sale reforzada, que fue un hombre de gran calidad política y humana...

¿Mató a Mella? ¿A Nin? ¿A Modotti? ¿A Tresca? Probablemente, nunca se sabrá. La verdad es que ni siquiera tiene importancia. Independientemente de sus responsabilidades personales, los nombres de Vittorio Vidali y, aunque duela, de Tina Modotti permanecen ligados a las páginas más repugnantes del comunismo stalinista: las purgas, la desaparición de los refugiados en la URSS, y la represión en España.


Claudio Albertani

Tepoztlán, Morelos, 10 de julio de 2005.





Notas

(1) Stéphane Courtois, Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkoski, Karel Bartosek, Jean-Louis Margolin, El libro negro del comunismo, Espasa-Planeta, 1998.

(2) Alexandr Solzhenistin, Archipiélago Gulag II, Tusquets, Barcelona, 2005. Véase también: Anne Applebaum, Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos, Editorial Debate, Barcelona, 2005.

(3) José María Zavala, En busca de Andreu Nin, Plaza y Janés, Barcelona, 2005.

(4) Javier Marías Tu rostro mañana, Alfaguara, Madrid, 2002. Para más información sobre Nin y el POUM, véase el sitio www.fundanin.org y la revista Balance. Cuadernos de historia del movimiento obrero internacional y la guerra de España, dirigida por Agustín Guillamón http://es.geocities.com/hbalance2000"

(5) Véase: Pino Cacucci, Tina. La vita avventurosa di una donna straordinaria: Tina Modotti, TEA, Longanesi, Milán, 1994. Traducción al español: Tina Modotti, Editorial Planeta, Barcelona, 2001.

(6) Jaime Avilés, entrevista a Pino Cacucci, La Jornada, 30 y 31 de mayo de 2005.

(7) José Steinsleger, “El asesinato de Julio Antonio Mella”, La Jornada, 8 de junio de 2005.

(8) Pino Cacucci, “¿Un complot internacional de mentirosos?”, La Jornada, 19 de junio de 2005.

(9) Entre los defensores de Vidali, además de Elena Poniatowska, autora de Tinísima, Ediciones Era, México, 1991; se encuentra Christiane Barkhausen-Canale, Verdad y leyenda de Tina Modotti, Casa de las Américas, Cuba, 1969.

(10) José Steinsleger, “El barro de la historia”, La Jornada, 22 de junio de 2005.

(11) Giorgio Bocca, Palmiro Togliatti, Editorial Laterza, Roma, 1977, pág. 600.

(12) Hay traducción al español: Vittorio Vidali, Comandante Carlos, Ediciones de Cultura Popular, México, D.F., 1986.

(13) Op. cit., pág. 11.

(14) Op. cit. pág. 45. Jefe de la IV Sección era el general Berzin, alias Petris Kyuzis (1889-1938), uno de los primeros consejeros soviéticos en la España revolucionaria de 1936, Llamado de vuelta a la URSS fue fusilado en 1938. Véase: Pierre Broué, Staline et la révolution. Le cas espagnol, Fayard, París, 1993, pág. 315.

(15) Véase: Stepehen Koch, La fin de l’innocence. Les intellectuels d’Occident et la tentation stalinienne. 30 ans de guerre sécrète, Éditions Grasset, París, 1995, pp. 50-54.

(16) Véase: Pierre Broué, op. cit., pág. 115.

(17) http://foia.fbi.gov/foiaindex/tresca.htm, file 61-1335, sección 11-12.

(18) Comandante Carlos, op. cit., pág. 69.

(19) Georges Haupt, Jean Jacques Marie, Los Bolcheviques, Ediciones Era, México 1972, pág. 230. Helena Stassova (1873-1967) fue presidenta del Socorro Rojo entre 1927 y 1938.

(20) Gosudarstvennoe Politiceskoe Upravienie: servicio secreto soviético, anteriormente Cheka y después NKVD y KGB.

(21) Margarete Buber-Neumann, Déportée en Siberie, Editons du Seuil, París, 1949, pág. 198.

(22) Fritz Brupbacher, Bakounine ou le démon de la révolte, Editions Archives Revolutionnaires, Paris, 1970.

(23) Victor Serge, Memorias de mundos desaparecidos (1901-1941), Siglo XXI Editores, México, 2002, pág. 323.

(24) Bocca, op. cit., 299.

(25) Vidali, op. cit., pág. 57.

(26) Foto incluida en: Pino Cacucci, I fuochi, le ombre, il silenzio, Agalev Edizioni, Boloña, 1988 (trad. Los fuegos, las sombras, el silencio, Joaquín Mortiz, México, 1993; en esta edición la foto no aparece). Este es el primer libro de Cacucci sobre Tina Modotti y me parece me parece mejor documentado que el segundo.

(27) Poniatowska señala haber hallado en el Hoover Institute dos cartas de Rafael Carrillo donde “le pone a Mella su buena criticada”. Véase: La Jornada, 18 de agosto de 1996.

(28) Adys Cupull y Froilán González, Julio Antonio Mella en medio del fuego. Un asesinato en México, Ediciones El Caballito, México, D.F., 2002.

(29) Sobre los contactos entre Mella y Nin, véase: Reiner Tosstorff, “Nin y la Internacional Sindical Roja: un esbozo”, http://www.fundanin.org/tosstorff.htm

(30) Véase: Alejandro Gálvez Cancino, “Julio Antonio Mella: Un Marxista Revolucionario. (Debate en Torno a su Vida y Muerte)”, en Críticas de la Economía Política. No. 30, Ediciones El Caballito, México D.F., 1986, pp. 144-147; Olivia Gall, Trotsky en México, Ediciones Era, México, 1991, pp. 47-55.

(31) Sobre Junco, véase: Gary Andrew Tennant, Dissident Cuban comunism. The Case of Trotskyism, 1932-1965, tesis de Doctorado, Universidad de Bradford. http://www.cubantrotskyism.net/PhD/chap6.html

(32) Elena Garro, Memorias de España 1937, Siglo XXI Editores, México, 1992, pág. 86.

(33) El lector tiene que conformarse con una nota a pie de página que dice únicamente: “inédito”.Véase por ejemplo: Adys Cupull y Froilán González, op. cit., pp. 234, 236, 238.

(34) Conferencia dictada el 30 de junio de 2005 en el museo Trotsky de la Ciudad de México.

(35) Véase: Eric Hobsbawm, “The Spanish background”, en: Revolutionaries, Phoenix, Londres, 1994, pp. 7-81.

(36) Gerald Brenan, El Laberinto Español, Plaza & Janés, Barcelona, 1996; Franz Borkenau, El reñidero español, Ruedo Ibérico, París, 1971 (la primera edición es de 1937); Burnett Bolloten, La Guerra Civil Española. Revolución y Contrarrevolución, Alianza Editorial, Madrid, 1989; George Orwell, Homenaje a Cataluña (la primera edición es de 1938), ahora en: Orwell en España, Tusquets Editores, Barcelona, 2003.

(37) Broué, op. cit., pág.115.

(38) León Trotsky, “La Comintern y la GPU”. Véase el sito: http://www.ceip.org.ar/escritos/Libro6/html/T11V231.htm

(39) Justo Martínez Amutio, Chantaje a un Pueblo, Madrid, 1964, pp. 337-343; citado en: Broué, op. cit., pág.115.

(40) Véase el dossier publicado por: Cahiers Leon Trotsky, No. 3 “Les procés de Moscou dans le Monde”, Institut Leon Trotsky, París, Julio-Septiembre de 1979.

(41) Jesús Hernández, Yo fui ministro de Stalin, Editorial América, México, 1953, pág. 126.

(42) La versión de Hernández fue reportada también por Hugh Thomas, The spanish civil war, Penguin Books, Londres 1966, pág. 581.

(43) Cahiers Leon Trotsky, No. 3 op. cit., pág. 138. El propio Vidali escribió un folleto contra el POUM: Comandante Carlos, La quinta columna: cómo luchar contra la provocación y el espionaje, Ediciones del Partido Comunista de España, 1937.

(44) Bocca, op. cit., pág. 301.

(45) Véase: Maria Dolors Genovés, “Operación Nikolai o el asesinato de Andreu Nin” y Wilebaldo Solano, “La larga marcha por la verdad sobre Andreu Nin”, en: www.fundanin.org

(46) Ronald Radosh, Mary R. Habeck y Grigory Sebastianov (eds.), España traicionada. Stalin y la guerra civil, Editorial Planeta, Barcelona, 2002.

(47) Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista. De la Komintern al Kominform, Editorial Ruedo Ibérico, París, 1970, pág. 616.

(48) Noam Chomsky, La objetividad y el pensamiento liberal. Los intelectuales de izquierda frente a la guerra de Vietnam y a la guerra civil española, Ediciones Península, Barcelona, 2004, pág. 61.

(49) Es el argumento de Cristiane Barckhausen-Canale. Véase: “Vittorio Vidali: ¿asesino o chivo expiatorio?”, último intento de aliviar al comunista italiano de sus responsabilidades. Véase: http://www.piazzaliberazione.it/la%20storia/pagine/storia/vidali-sp.htm

(50) Umberto Tommasini, L’anarchico triestino, Edizioni Antistato, Milán, 1984, pp. 309-310. Tommasini también acusa a Vidali del asesinato de Nin. Véase, op. cit., pág. 350.

(51) Véase: Alfonso Leonetti, Vittime italiane dello stalinismo, La Salamandra, Milán, 1978. Otros autores hablan de hasta 200 víctimas italianas. Véase: Pierre Broué, Histoire de l’Internationale Communiste. 1919-1943, Fayard, Paris, 1997, pág. 726.

(52) Trotsky, “La Comintern y la GPU”, op. cit.; Julián Gorkin, El asesinato de Trotsky, Círculo de Lectores, Barcelona, 1972, pp. 185-190. Esta es una versión ampliada del libro aparecido en 1955 en México, bajo el título, Así asesinaron a Trotsky, firmado por el general Leandro Sánchez Salazar pero escrito en gran parte por el propio Gorkin. En un torpe intento de autodefensa, Vidali cita al texto de 1955 (en donde en efecto no aparece su nombre) ¡como prueba en su favor! Véase Vidali, op. cit., pág. 110.

(53) The great camouflage es el título de la primera versión del libro de Bolloten. Véase: Agustín Guillamón, Balance. Cuadernos del movmiento obrero internacional y la guerra de España, No. 16, marzo-abril de 1999, es.geocities.com/hbalance2000/pagina_n6.htm

(54) Véase: “Modotti, la Magdalena comunista. ¿Quién mató a la antigua amante de Julio Antonio Mella? ¿Muerte natural” ¿O fue una víctima de la GPU?”, Revista Así, No. 62, 17 de enero de 1942. Es un artículo bien informado que hace un recuento de la vida de Tina, insinuando dudas sobre Vidali.

(55) E. Garro, op. cit., pág. 86.

(56) Adys Cupull y Froilán González, op. cit. pág. 362. Las cursivas son mías.

(57) Véase: V. Serge, M. Pivert, G. Regler, Julián Gorkin, La GPU prepara un nuevo crimen, Ediciones Análisis, México, 1942.

(58) Carta al presidente de México, Manuel Ávila Camacho. Véase: La GPU prepara un nuevo crimen, op. cit., pp. 56-67.

(59) Militantes del Bund, organización socialista de obreros judíos. Véase: Henri Minczeles, Historie Générale du Bund. Un mouvement révolutionnaire juif, Denoël, París, 1999.

(60) Excelsior 2, 3 y 4 de abril de 1943. Encontré mucha documentación al respecto en el Archivo General de la Nación, Galería 3, Ávila Camacho, Expedientes: Extranjeros Perniciosos y Encuentros sangrientos nazifascistas, 541.1/56.

(61) Excelsior, 4 de abril de 1943.

(62) Cacucci, I fuochi…, op. cit., pág. 146.

(63) Entrevista personal con Vlady. Cuernavaca, Morelos, 17 de febrero de 2005.

(64) Después de haberlo acusado de quintacolumnista, Vidali recurre cínicamente a Serge para probar su inocencia en el asesinato de Trotsky. Escribe: “no se habla ni siquiera de pasada de mi en el libro de Victor Serge, La vida y la muerte de León Trotsky” (Juan Pablos Editores, México, 1971). Véase: Comandante Carlos pág. 110.

(65) La novela de Poniatowska está repleta de fantasías. Imagina, por ejemplo, a la filósofa Simone Weil alistándose en las Brigadas Internacionales. Militante libertaria, antiestalinista convencida, Weil llegó a España en agosto de 1936, se sumó a la columna Durruti y regresó a Francia en septiembre del mismo año, es decir antes de la creación de las Brigadas Internacionales. En otra parte, Poniatowska describe un improbable encuentro entre Traven y Tina. Traven era un antiestalinista furibundo y se mantenía en la más estricta clandestinidad; es irreal que haya abordado a Tina Modotti en la calle Correo Mayor de la Ciudad de México, en 1939. Véase Tinísima, op. cit., pp. 449 y 592; “Weil, Simone”, Dictionnaire biographique du mouvement ouvrier français, Éditions de l'Atelier, París, 1997.
 
I vostri commenti
Il commento di Vincenzo 6 dicembre 2005


Ho appena terminato di leggere la biografia di Tina Modotti scritta da Pino Cacucci. La figura di Vittorio Vidali è a dir poco controversa: uno agente stalinista incaricato di vigilare sugli stessi comunisti che deviavano dalla linea politica di Mosca ed, eventualmente, eliminarli. Anche per quanto riguarda la morte di Tina, viene praticamente sostenuta l'ipotesi che sia stata uccisa dai suoi ex compagni politici, agli ordini di Vidali. Di parere ben diverso sembrano essere i componenti del Comitato Modotti di Udine (basta visitare il loro sito web e la biografia di Tina in esso pubblicata)... mi interessa conoscere il parere di Pino Cacucci in merito. Grazie.


 
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